Ana Lucía, 38 años
Madre soltera, voluntaria en un comedor comunitario
Loja, Ecuador
Su historia
Ana Lucía había perdido su empleo, su salud se debilitaba y su hijo menor enfrentaba una enfermedad crónica. Las noches eran largas, y las oraciones parecían no tener respuesta. Pero en medio del quebranto, comenzó a servir como voluntaria en un comedor comunitario. Allí, entre platos compartidos y oraciones silenciosas, descubrió que Dios no la había abandonado.
Una mañana, mientras repartía pan, una mujer le ofreció trabajo en una fundación cristiana. Poco a poco, su salud mejoró, su hijo recibió tratamiento, y su fe se fortaleció. Ana Lucía no solo encontró provisión, sino propósito. Hoy lidera un grupo de oración para madres en situaciones vulnerables.
El testimonio de Ana Lucía nos enseña que:
- Dios no llega tarde, llega con propósito.
- El servicio abre puertas que la desesperación no ve.
- La fe se cultiva en lo cotidiano.
- Compartir el pan puede sanar el alma.
💬 Para reflexionar
- ¿Estas dispuesta a servir incluso en medio de la necesidad?
- ¿Qué frutos ha dado tu fe en tiempos difíciles?
- ¿Cómo puedes ser respuesta a la oración de alguien más?